Con una mirada que combina solemnidad y memoria, NN: sin identidad de Héctor Gálvez llega a la sala del Cine Chimú para recordarnos que el cine peruano puede ser, al mismo tiempo, denuncia y duelo colectivo. A través de planos sobrios y de un relato marcado por el silencio, la película enfrenta a la audiencia con las huellas de la violencia política en el país. Tras la proyección, un conversatorio con el director y con Luis Vélez, representante de APRECI, abrió el diálogo sobre la memoria, la ética del cine y el papel de nuestra sala en la descentralización cultural.
Escribe Martín M. Sánchez (Anticinefilia)
Con una exhumación y el hallazgo de un cuerpo sin identidad, Héctor Gálvez inicia su segunda ficción presentando sus mejores cartas: la solemnidad del plano y la comprensión de un país sumido en la corrupción. NN: Sin identidad es, en conjunto, un filme que conserva la melancolía y la resignación que provocó la época más violenta de la historia peruana, y la proyecta a través de un metraje digno, que más allá de señalar culpables, prioriza el duelo de los familiares de las víctimas. Eso le otorga un respeto inmediato a lo humanístico, sin abandonar las sutilezas del malestar de la nación.
Resulta inevitable que la reconstrucción forense del inicio remita al Perú como un país fragmentado, que constantemente busca encajar con excusas banales, y cuya destrucción es también parte de la violencia: física o política. Con apenas unos minutos, la película consigue levantar una propuesta de contemplación sombría, con una comprensión social que hiela la sangre. La intensidad del relato se impregna poco a poco en la psiquis del espectador.

El silencio convierte al escenario en un entorno fantasmal, donde los recuerdos del pasado subyacen a la historia, no solo con sus personajes, sino también con sus locaciones. Con el paso de los minutos, la densidad del relato evidencia la pulcritud fotográfica, convirtiendo al espectador en un ente casi pasivo, que bien podría desconectarse de la narración. Sin embargo, como un ejercicio de comprensión, si se logra atravesar esa brecha, el resultado es una melancolía inmersiva. Gálvez respeta la seriedad de su obra; por ello, el cambio de ritmo —de la densidad dramática al cálido acompañamiento de los forenses— resulta ideal para equilibrar el tono y no sobre estimular a la audiencia.
La ética de Fidel, personaje encarnado por un sereno Paul Vega, oscila entre su humanidad y la deontología de su oficio. Sin poder hacer mucho, comienza poco a poco a perder la cordura, dejando entrever que su profesión requiere personas más frías para cumplir con el deber, rasgo que no lo caracteriza. De cierta manera, Fidel Carranza, más allá de ser el protagonista, se asemeja a la propia narrativa del largometraje: esa valentía de intentar descubrir el origen del cadáver, pero también la temerosidad de enfrentarse al poder de los procesos jurídicos. Una decisión que aporta complejidad a la estructura.
La simbología es constante y crítica: cuando las cajas del último piso aparecen, representan la burocracia, el mal manejo del poder y la nula decisión política. En contraste, el vestido de una niña evoca la resignación ante un pasado macabro que arrasó con todo a su paso. Esa dualidad de belleza en el horror firma la precisión con la que su director concibe la película. NN confirma que el cine peruano puede ser memoria viva y denuncia, aunque el contexto nacional tiende al olvido y la censura.

Post proyección:
Como parte de la proyección especial, Héctor Gálvez se conectó vía online después de la función para participar en un conversatorio con los asistentes a la cita cinéfila. En su intervención comentó sobre los ejes de su cine y sobre la investigación antropológica y burocrática que realizó antes de comenzar el rodaje, experiencias que enriquecen la visualización y el análisis de su cinta.
Durante la ronda de preguntas, tuve la oportunidad de consultarle si considera que existe una necesidad para los cineastas de conocer la realidad de su país.

Posteriormente, pude conversar con Luis Vélez, representante de APRECI, acerca de las funciones que cumple la organización y de la mirada que se tiene sobre el Cine Chimú en la capital.
Diálogo con Héctor Gálvez (director de NN: Sin Identidad)
—El contexto de la pregunta parte de la escena de la reconstrucción de los cuerpos. Cuando veía esa escena, imaginé una radiografía del Perú: como un país que está unido, pero a la vez roto, en base a sus conocimientos. ¿Consideras que conocer la realidad sociopolítica del país es una pieza clave que cualquier cineasta peruano debería tener para poder hacer cine o trascender con sus historias?
Yo creo que el cine parte de múltiples ideas; hay películas y géneros para todos los gustos. Sé de quienes decían que hay películas buenas y películas malas; puede ser una película buena comercial o una no tan comercial, de todo tipo. Creo que el cine, como todas las artes, no creo que deba ser necesariamente de una lectora o un lector, o que tenga que interesarse por la coyuntura o la realidad nacional. No necesariamente: puede ser un cine que nace solamente de la propia imaginación. Porque desde ahí ya empiezan los dogmatismos, que es lo que menos debe tener el arte y la sociedad del país. No debe haber una única manera de hacer, ni una única manera de contar; entre más diversidad haya, mejor. (…) Siempre me interesa pensar, no de una manera sociológica ni filosófica, ni pensar en el país a través de la historia.
Conversación con Luis Vélez (miembro de APRECI):
—¿Cuál es el rol de la APRECI en la conservación y promulgación del cine peruano?
APRECI es la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica, una asociación civil sin fines de lucro que agrupa a quienes ejercen la prensa cinematográfica en sus diversas formas: crítica, divulgación, periodismo e investigación. (…) Nuestro objetivo como gremio es desarrollar acciones de divulgación de cultura cinematográfica en el Perú, sobre todo, defender el cine peruano, lo cual debería determinar nuestro involucramiento con las políticas gubernamentales. Sin embargo, en esta última ley ocurre lo contrario: va en contra del cine peruano.
A su vez, buscamos la revaloración del cine peruano, por lo cual realizamos anualmente nuestros premios. En 2023 conmemoramos los 100 años del nacimiento de Armando Robles Godoy, a quien consideramos un cineasta total por su labor como activista, profesor, crítico y cineasta (…). En 2024, hicimos otra celebración para Nora de Izcue, ya que se cumplió 90 años de su nacimiento y este año también estamos trabajando en nuevas iniciativas que pronto se darán a conocer.
—La APRECI tiene un constante trabajo referente a promover la cultura, y también está el tema de las muestras. ¿Cómo se realiza la curaduría de las películas y se definen los lugares de proyección?
Tenemos dentro de APRECI un conjunto de una treintena de asociados y asociadas; entre ellos hay equipos de trabajo. HEstá la junta directiva, pero también tenemos un área de proyectos, una comisión de medios y equipos específicos. Juntos nos encargamos de organizar eventos de difusión de cine peruano, a veces pequeños, a veces un poco más grandes. Tenemos como parte de la labor en prensa estas relaciones, estos vínculos y contactos con los cineastas, dependiendo un poco de la coyuntura o de alguna conmemoración. (…) Depende del momento, de la coyuntura, de los propios espacios: algunos espacios, de hecho, nos convocan, y en otros casos nosotros nos aproximamos a ellos.
Suelen ser funciones gratuitas; es parte también de la política de la asociación. Pero, además, también participamos aportando el análisis y la crítica, ya desde el lado puramente cinematográfico (…) A veces participamos como jurados, pero también en conversatorios: después de las películas siempre están ahí los chicos y chicas de APRECI aportando con sus ideas.

—¿Se espera que se extienda la presencia de APRECI en la ciudad?
Tenemos una alianza con el FECIT (Festival de Cine de Trujillo), donde contamos con un jurado que evalúa documentales y ficción en igualdad de condiciones. (…) Este año tendremos por segundo año consecutivo un jurado APRECI y, si otros festivales de Trujillo nos convocan, participaremos gustosos.
Lo que mueve a APRECI es la cinefilia pura. (…) Más allá de la acción política en favor del cine peruano, lo que motiva a nuestros asociados es el amor por el cine en general, ya sea nacional o internacional, en festivales, cartelera o plataformas. (…) Ser jurado es una satisfacción porque permite ver muchas películas con responsabilidad y ética, pero también con placer.
En cuanto al Cine Chimú, es una sala mítica en Trujillo. (…) A diferencia de Lima, que cuenta con varias salas alternativas, aquí prácticamente solo tenemos esta, fuera de las comerciales.

—¿Qué opinión tiene APRECI y la comunidad limeña sobre el Cine Chimú?
Tenemos la suerte de que con el Cine Chimú nos une también un vínculo personal. (…) En mi niñez este cine era una sala de cine para adultos, un lugar que miraba con cierto temor, pero con el tiempo me enteré de su recuperación. Recuerdo la exposición fotográfica de André Casana y, gracias a Silvia —una amiga de antes—, conocí el proyecto y me maravillé al ver cómo se recuperaba un espacio para la ciudadanía, la cultura y el cine.
Comenté esto con mis compañeros de APRECI y, cuando tuvimos la posibilidad, lo elegimos como sede para proyectar películas de Armando Robles Godoy en el marco de su centenario. (…) Pasamos La muralla verde, Sonata soledad y el cortometraje El cementerio de los elefantes. También hemos participado con el festival Cecehachero de la Universidad Autónoma de México y, más recientemente, con NN. De modo que el Chimú siempre ha estado en nuestro radar como sala aliada cuando buscamos descentralizar.
Desde Lima, la comunidad cinematográfica ve al Centro Cultural Cine Chimú como un ejemplo de autogestión, resistencia y programación diversa: un día se proyecta cine peruano, otro una convención de anime, y esa variedad refleja lo que es el cine. (…) Por eso, cada vez que viajo a Trujillo, aprovecho para visitarlo; no soy trujillano de residencia, pero tengo raíces aquí y el Chimú es un espacio que siempre me gusta visitar.