Trujillo vibró con el 29.º Festival de Cine de Lima: reseñas de sus títulos peruanos
Gracias a la alianza con Anticinefilia (@anticinefilia en IG), Martín M. Sánchez, crítico de cine, se integra a nuestro equipo de difusión del Centro Cultural Cine Chimú en calidad de colaborador y aliado estratégico. Él pudo asistir y posar su mirada en las películas que fueron exhibidas en nuestra sala durante la muestra itinerante del 29 Festival de Cine de Lima. Estas funciones estuvieron programadas el viernes 15 y sábado 16 de agosto del 2025. Martín Sánchez nos entrega aquí reseñas y apreciaciones de las producciones peruanas El tío Lino, del director trujillano Omar Forero, y la ficción limeña Viejas Amigas, de Fernando Villarán. Además, del tercer largometraje de Adrián Saba, La erección de Toribio Bardelli, y Tiempos Futuros, ópera prima de Víctor Checa.
Reseña y crítica escrita por Martín M. Sánchez (Anticinefilia)

El tío Lino (Omar Forero, 2024)
Montado en un caballo negro y envuelto en la niebla, el tío Lino regresa a la pantalla con un recibimiento entusiasta en sala y con un Omar Forero felicitado por su trabajo como director. Tras este segundo visionado, se perciben con mayor claridad sus intenciones: narrar algo que trasciende la mitología del personaje, algo que pertenece al pueblo y se ofrece al mundo.
El valor de la cinta no radica únicamente en las cuatro recreaciones de los relatos —animadas con una propuesta estética, por cierto—, sino en la manera en que expone la cultura y las tradiciones vivas de los pueblos que el documental recorre. Después de cuatro años conviviendo como un vecino más de Cosiete, Forero filma a sus habitantes con cercanía e intimidad, logrando que el material adquiera identidad propia y que la experiencia de verlo resulte entrañable.
Rodada con una sola cámara y un micrófono boom, la película traza un retrato de ocho localidades de la sierra cajamarquina. Su encanto no proviene tanto de la pureza fotográfica como de la libertad con que se expresan sus personajes y sus historias. La relación con la mitología que evocan es amplia: cada quien tiene su propia forma de contar, ya sea conversando o cantando. Aunque la presencia de numerosos personajes puede hacer que la narrativa se disperse por momentos, esa diversidad resulta necesaria para impulsar el reconocimiento de la cultura, de su propio mito y, naturalmente, del tío Lino.
La fuerza de la oralidad se refuerza en la interpretación de un grupo de niños, un gesto simpático que celebra la continuidad de lo propio. El tío Lino es más que un cuentacuentos: se convierte en un puente generacional entre lo histórico y lo contemporáneo, entre la niñez y la adultez. “Soy el indicado para representar al tío Lino; todo lo que él hacía lo hago hoy (…) todas esas actividades las seguimos realizando”, afirma Jero Pretel hacia el final del documental. Esa frase sintetiza el propósito de Forero, quien, sin entregar aquí su mejor obra, consigue un filme espontáneo, afectuoso y reflexivo. Una invitación a pensar en la mitología que aún late en otros pueblos, ya sean infinitamente lejanos o sorprendentemente cercanos al nuestro.

Viejas Amigas (Fernando Villarán, 2024)
La primera jornada cerró entre cuchicheos del público. Aún con las luces apagadas, alcancé a escuchar frases como: “Qué película más bonita” o “Tenemos que organizar un viaje de promo con las chicas ya”. Las anoté antes de la conversación virtual con el director: todas provenían de señoras de la misma edad que las actrices. Al hacer catarsis, comprendí lo significativo que puede ser el cine para las personas, más allá de si una película es buena o mala. Viejas Amigas tambalea en ambos extremos, aunque su verdadero valor reside en la añoranza que despierta.
Lo más destacable del filme es la ternura que irradian sus protagonistas y el modo en que rompe ciertos tabúes sobre las mujeres, abordados con respeto y un grado de riesgo que, aunque moderado, resulta eficaz en varios momentos. La química entre las actrices sostiene la trama y atenúa el divagar hacia distintos enfoques narrativos que finalmente no conducen a nada.
Donde más tropieza la película es en la construcción de sus personajes. No porque carezcan de atractivo, sino por la ausencia de cierre en las subtramas que plantea. La intención de profundizar en la relación entre las amigas y en sus vidas íntimas se pierde, reduciendo todo a lo que se interpreta únicamente a través del viaje que emprenden, sin atender a sus dolencias y recuerdos.
Viejas Amigas funciona para un público específico y resulta agradable mientras dura en pantalla. Sin embargo, fuera de eso, desaprovecha la oportunidad de profundizar en los temas que propone y tampoco se interesa por construir capas narrativas más complejas. Se queda en una road movie con toques cómicos —o en un drama con chistes, como lo definió el propio Fernando Villarán en el conversatorio posterior a la proyección—. Nada más.

Tiempos Futuros (Víctor Checa, 2021)
Esta es una película que había visto al menos tres veces, y cada nuevo visionado me permite descubrir matices que desmontan mi primera reacción. Quizá he madurado como espectador o quizá las circunstancias modifican el contexto; lo que no cambia es su mayor defecto, del que hablaré más adelante.
En el plano técnico, tanto visual como sonoro, la obra resulta hipnótica. Sus elementos se entrelazan con precisión para construir una atmósfera melancólica y desolada de la capital, con claras resonancias de la Lima real. Con destreza, Checa captura instantes casi espectrales, entre silencios y calles sumidas en la oscuridad, tan vacías y quietas que parecen pertenecer a otra dimensión.
El vínculo entre padre e hijo —interpretados con solvencia por Fernando Basilio y Lorenzo Molina— gira en torno a la obsesión de dejar un sucesor. Esa pulsión intensifica el ambiente opresivo, convirtiéndose en una prisión que cobra fuerza cuando la rebeldía del hijo se impone al deseo paterno de concluir la máquina. Esta subtrama, prácticamente la única, aporta interés y una capa de profundidad que, sin embargo, se diluye por las debilidades del guion.
La escasez de diálogos es un riesgo estimulante: los personajes parecen prolongaciones orgánicas de la ciudad. Esta decisión de puesta en escena permite que los actores impriman un peso dramático mayor en sus acciones. Sin embargo, el desarrollo narrativo endeble y la ausencia de detonantes convierten la experiencia en algo tedioso, incluso para quienes disfrutan del cine contemplativo. El ritmo excesivamente lento termina jugando en contra de la propuesta inicial de Checa.
Con sus luces y sombras, Tiempos Futuros es una apuesta ambiciosa dentro de la ciencia ficción. A ratos consigue lo que busca y a ratos se extravía, pero deja una sensación de conformidad honesta. No pretende ser otra cosa y, aunque algunos experimentos narrativos no terminan de cuajar, se atreve a explorar senderos que, de haber llegado más lejos, habrían elevado su calidad fílmica.

La erección de Toribio Bardelli (Adrián Saba, 2023)
Un silencio atónito cubrió la sala durante los créditos finales de La erección de Toribio Bardelli. Casi todos parecían desorientados, limitándose a mirar cómo los nombres desfilaban en pantalla. Era la única función sin conversatorio con el director; solo quedaba esperar a que encendieran las luces y comentar entre los asistentes. Así fue. Intercambiamos unas palabras y pronto reconocimos una sensación compartida: lo que al inicio parecía una experiencia honda terminó revelándose como una decepción, casi una estafa emocional.
Adrián Saba filma el erotismo con un tono melancólico, un cuidado ecosistema de planos y un humor absurdo que funciona. La conjunción de estos tres elementos hacía presagiar una obra cumbre del cine nacional; sin embargo, esa promesa apenas se sostiene durante los primeros treinta minutos. A partir de ahí, la película toma un rumbo errático, en el que casi ningún personaje aporta algo relevante. La pretensión termina imponiéndose sobre la frescura inicial, y fracasa en su intento de construir una profundidad inexistente fuera del protagonista. Los secundarios quedan relegados a simples comparsas, y quizá ahí debieron permanecer.
Los problemas técnicos también pasan factura. Pasada la primera media hora, se evidencian fallas en el audio: ecualización deficiente y un desfase notorio que transmiten la sensación de un proyecto apresurado, estrenado sin pulir sus aristas. Sin embargo, ese tropiezo es menor frente al verdadero lastre: la frágil construcción dramática que Saba ofrece.
Toribio Bardelli pudo ser un personaje memorable dentro de la cinematografía peruana, pero la obstinación del director arruina el planteamiento inicial. La impotencia del protagonista, que al principio parecía cargada de un sentido metafórico sobre la vejez y el agobio de vivir, se diluye hasta desembocar en un cierre predecible y torpe para su odisea sexual.
Cuando un proyecto con alto potencial termina convertido en un desastre, no solo decepciona: también indigna. La cinta no se salva ni por su propuesta fotográfica, ni por su nivel de producción, ni por el desempeño actoral. En definitiva, queda como una cicatriz dentro del prometedor futuro que parecía tener Saba tras dos películas en las que insinuaba cierta madurez en la escritura, madurez que este tercer largometraje demuestra no haber consolidado.
Sobre del evento en general:

La experiencia de la muestra itinerante del 29.º Festival de Cine de Lima concluyó tras dos días que superaron mis expectativas en cuanto a la cantidad de público asistente. Me alegra enormemente que la región estuviera representada en al menos dos de las cuatro películas programadas, y que la emoción del público —en su mayoría personas mayores— al presenciar historias cercanas a su cotidianidad ponga en evidencia la belleza del cine en su forma más pura.

Espero que, en el futuro, el FCL mantenga el riesgo y la apuesta por llevar sus muestras a las regiones, no solo a La Libertad, sino también a otros lugares donde, muchas veces, incluso escasean las salas comerciales. Un festival de cine brinda oportunidades de consumo cultural no solo a la cinefilia, sino también al ciudadano de a pie. Compartir la cultura mediante lo audiovisual es una labor que celebro y que deseo continúe con el mismo fervor.

Para cerrar esta reseña, agradezco al Centro Cultural Cine Chimú por haber sido un anfitrión ejemplar durante estos días de proyecciones. Su labor resulta esencial para la difusión cultural y, sin duda, recomiendo seguir de cerca su programación y asistir a su sala, que desde hace más de cincuenta años forma parte de la historia de Trujillo.